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Chile es un país minero. Esta actividad representa cerca del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) y casi la mitad de sus exportaciones anuales. Es el sector que ha atraído más inversión desde 1990 a la fecha, con un volumen superior a los 25 mil millones de dólares, entre pública y privada.
La minería ha ido de la mano con la formación de Chile como nación. Ha contribuido decisivamente a gestar su riqueza, su identidad y su base social. Es a la minería a la que debe buena parte de la creación de su infraestructura física, comercio, transporte, vivienda, fuentes de energía, tecnología y de recursos para la educación. En torno a ella surgieron importantes figuras de las elites nacionales y de movimientos sociales, culturales y políticos. La industria minera tiene los mejores estándares laborales y sociales para quienes viven de su producto y en sus entornos inmediatos. Su contribución a Chile ha sido enorme.
El destino de Chile está estructuralmente ligado a la minería. En el país se encuentra el desierto más seco del mundo y gran parte de su territorio está ocupado por la Cordillera de los Andes. De allí que, desde su fundación, Chile se haya vestido de metales: oro y plata en su niñez, carbón y salitre en su juventud y cobre en su adultez. La revisión de las cifras históricas y las que derivan de los análisis prospectivos, constituyen la base objetiva que permite hacer tal afirmación sin temor a equivocarse.
Chile posee el 39% de las reservas mundiales de cobre conocidas hasta el momento, mineral que es utilizado cada vez más por la humanidad, debido a su aplicación en las nuevas tecnologías de la información, las telecomunicaciones y por el crecimiento económico y mayor estándar de vida de países que, como China e India, conforman un tercio de la población mundial. Sustentado en su privilegiada configuración geológica, Chile será el centro abastecedor de los metales necesarios para avalar el progreso en el siglo XXI, pero además, a buenos precios y con un muy posible aumento sustantivo de la demanda.
La centralidad de la minería para Chile es indiscutible. Parte relevante de su progreso económico, social, político y cultural se funda en los recursos que Chile ha extraído desde las entrañas de una naturaleza que ha sido pródiga con sus hijos. El país ha sustentado su desarrollo en ciclos de producción de metales y productos de la minería. Estas riquezas se han transformado en progreso material y espiritual expresado en caminos, carreteras, ferrocarriles y puertos, tranques, embalses y obras de regadío, electricidad, viviendas, comunicaciones, pero también en educación, nuevos profesionales y tecnologías, salud, cultura, protección del medio ambiente y mejor calidad de vida para las personas.
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