
Sistemas Económicos
El inicio de la era cibernética está cambiando nuestra vida diaria. Tanto para las personas directamente involucradas en las tareas de “autopista de las informaciones” como para aquellos, que continúan sus actividades normales diarias, teóricamente, fuera de aquel remolino.
En general ya nos acostumbramos a conocer las noticias sobre los acontecimientos, inclusive políticos, de otras partes del mundo al igual que ellos saben lo que sucede aquí. Parece que algunos políticos no se dan cuenta de que, además del país, los sucesos tienen una audiencia internacional. Cualquier persona, por ejemplo, potenciales inversionistas extranjeros, conoce lo que pasa en el mundo entero en todos los aspectos, no solamente en el campo económico; las noticias son la base para formarse una opinión, y sobre la justicia en el país. Igual es, si se trata de un juicio a un ex presidente o un viraje brusco de la política económica. Aquí parece que muchos políticos todavía no se han enterado del cambio y actúan como si la audiencia fuera exclusivamente local. Esta nueva facilidad de tener acceso a lo que cada uno desea saber, está influenciando las relaciones internacionales. Al parecer, aquí muchos ignoran este hecho. Ahora la política local tiene un mercado internacional.
Es fácil olvidarse que los capitales se mueven globalmente, 24 horas al día y para ellos no hay nacionalidad, fronteras o distancias.
Igual se está modificando el mercado de trabajo. Hay tareas que requieren nuevos conocimientos y hacen obsoletas a otras (¿desde cuándo no se buscan mecanógrafas o personal de venta, que sepa calcular el precio de una mercancía?). El valor de tener experiencia en estas profesiones es mucho menor que saber usar bien los programas de computación. Muy pronto se verá afectado todo el sistema bancario y su mercado laboral. Las estimaciones dicen que pronto la relación directa del cliente con el banco usando computadores será mucho más barato que exigir un servicio que requiera atención humana. La cibernética creará una distinta estructura de los costos. Estamos acostumbrados a que las distancias tienen un costo adicional, por ejemplo llamadas de larga distancia. La proliferación de los satélites hará que sea igual para la comunicación local o a Australia. La economía global, para reducir el costo, tendrá más productos cerca de los mercados y a disposición del cliente local, ahorrándose el fabricante los costos de transporte y tiempo. Para el cliente, permite disminuir el gasto manteniendo inventarios más bajos.
Lo más sorprendente es el valor de los conocimientos de estas tecnologías. Una revista especializada se pregunta de dónde salieron los miles de millones de dólares de las inversiones y riquezas personales actualmente vinculados a cibernética. La respuesta es simple: la utilidad y deseabilidad que el mercado asigna a los nuevos productos y a los insumos para su elaboración. El caso típico son los sueldos. La totalidad del valor del incremento de la productividad mundial fue a remunerar a los que son capaces de aprovechar los conocimientos que no existían hace dos décadas. Lo demuestran las estadísticas mundiales. Los sueldos promedios para las tareas tradicionales se quedaron en los mismos niveles desde 1970 (y con menor cantidad absoluta de puestos de trabajo necesarios). Son los trabajadores que “saben” aprovechar las tecnologías nuevas, quienes acaparan las riquezas creadas desde entonces. El caso típico son los programas de computación. Hace diez o quince años fueron los productores de los aparatos de computación quienes se hicieron ricos. Los gastos principales eran la producción y tecnología de las propias computadoras. Su elaboración requería de unas enormes inversiones, con su depreciación y por el costo de su financiamiento. No es así con el otro requisito, los programas usados por las computadoras. En el programa vendido, el costo de materias primas y la obra de mano es insignificante. El mayor costo es idearlo y lograr que su uso sea deseado por el mercado. Las ganancias por ventas adicionales son enormes. Tampoco su distribución física es costosa y sirve a un mercado mundial. Aquí vemos un caso de lo que antes existía solamente en la industria farmacéutica, o quizás con los cantantes y deportistas profesionales, pero multiplicado cientos de veces. Lograr nuevos usuarios significa casi pura ganancia sin la necesidad de incurrir en los gastos de mercados adicionales, como es el mercadeo y manejo físico de la distribución que tienen los productos tradicionales. Tal como bien apunta The Economist, la sabiduría del pasado de que los árboles crecen solamente de un tamaño óptimo, aquí no es cierto. Eso es un fenómeno nuevo, digno de observar.
La cibernética, gracias a la miniaturización, hace posible aprovecharla para aplicaciones distintas. El Internet es un buen ejemplo y todo lo que gira alrededor. Crea una nueva manera de mercadear los productos. Otra innovación es el uso de las tarjetas “inteligentes” en vez de las tradicionales de crédito. Su uso masivo cambiará la circulación del dinero en forma de billetes y modificará el sistema de pagos en efectivo, cheques y el bancario mundial, tal como lo conocemos hoy. El dinero será plástico de verdad. Estas `nuevas' tarjetas, pueden ser recargables, contienen un microchip incrustado que les permiten comunicar los datos a las computadoras principales. Somos testigos de una asombrosa revolución silenciosa que con razón nos inquieta, porque sucede con tanta rapidez que nos deja como un país vulnerable y de poca preparación.
(fuente: eluniversal.com)