3.4 - Ley de Say y criticas de Keynes


ü Ley de Say


La
ley de Say era, básicamente, la respuesta de la economía clásica al argumento de la insuficiencia de demanda agregada utilizado por Sismondi y Malthus para explicar la posibilidad de que una situación  de  sobreproducción  generalizada y  desempleo de recursos productivos se extendiera indefinidamente en el tiempo.


Esta
ley es una pieza fundamental de la economía clásica. Lleva ese nombre en honor de Jean Baptiste Say, economista francés que vivió entre los siglos XVIII y XIX, y que presentó esta ley en su Traité d'èconomie politique. Frecuentemente la ley de Say se resume en la expresión telegráfica  la  oferta  crea  su propia demanda como si el simple acto de ofrecer cualquier bien o servicio en el  mercado, creara una demanda automática.


La ley de Say y el pleno empleo


Los  economistas  clásicos  se  preocuparon  de  la  formación de los precios, de la asignación de los recursos y del crecimiento económico pero nunca prestaron mucha atención  al  problema del pleno empleo de los recursos productivos. En general se pensaba que  el mecanismo de la competencia era suficiente para el logro del pleno empleo y que la infrautilización de los recursos sólo podría ocurrir de modo transitorio.


  El único entre  los  clásicos que aceptó la tesis del subconsumo y que no aceptó del todo el automatismo del pleno empleo fue Malthus. Pero Malthus no logró desarrollar un posición coherente.  Por  esta  razón,  sus  ideas  al  respecto  desaparecieron  de la corriente principal del pensamiento económico, hasta que Keynes las rescató.


Podría decirse que, en general, dentro de  la  corriente  principal  del  pensamiento  económico, existió hasta la época de Keynes la confianza en el carácter automático del pleno empleo. Y la base teórica de dicha creencia fue durante mucho tiempo la
ley de Say, de la cual se pretende derivar una tendencia al pleno empleo de los factores de producción .  Este  resultado  se  presenta  a  menudo  como  algo  evidente.  Pero  ciertamente, y sobre todo, visto desde la perspectiva de la teoría económica actual.


Si nos ceñimos a la
identidad de Say es evidente que no se puede  concluir nada  acerca del nivel de empleo de los factores productivos a partir  de  un  supuesto de comportamiento como el de la propensión marginal al gasto universalmente igual a uno.

 
Tal supuesto sólo nos sirve para excluir, prácticamente por definición, la posibilidad de que haya un exceso generalizado de oferta o de demanda de bienes y servicios. Pero no nos dice nada acerca del nivel de empleo de los recursos disponibles.

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