3.7 - La curva de Phillips

La intervención  del  Estado  para  fomentar  el  empleo  topa   con   grandes dificultades.  Las   políticas   expansivas  pueden producir desagradables   efectos secundarios, provocando inestabilidad monetaria y otros desequilibrios. Si lo que se busca es una oferta de empleo bien remunerado, sostenida a largo plazo, habrá que  actuar  de  forma  muy  cuidadosa para que no sea peor el remedio que la enfermedad.

En 1953 el profesor publicó un estudio sobre la evolución seguida a largo plazo por los precios y el  empleo en la economía británica, en el que se ponía de manifiesto una correlación  inversa entre ambas variables, a mayor inflación menor desempleo, que podía ajustarse a una curva decreciente. La curva de Phillips no describía funciones teóricas que relacionasen de forma lógica las dos variables implicadas; era, simplemente, la constatación de un hecho y su representación plástica.

La curva de Phillips se popularizó  rápidamente por varias razones. Por una parte resultaba consistente con el  paradigma  keynesiano dominante en la época,  según  el  cual  la  inflación  se  producía sólo  en situaciones de alta demanda  agregada y pleno empleo. Además, en los años sesenta los datos sobre el  desempleo y la inflación en los principales países occidentales se ajustaron con bastante fidelidad a una curva así. Pero la principal razón de su popularidad fue quizá su utilidad para explicar a los políticos y a los votantes que había un momento para las políticas expansivas y un momento para las políticas estabilizadoras y que no podía cumplirse la pretensión de alcanzar un mundo perfecto con tasas de desempleo e inflación iguales a cero.

Volver al Índice